Tyrus Wong, el verdadero padre de Bambi

El arte corrió por las venas de Tyrus Wong desde bien pequeño, cuando su padre lo animaba a hacer caligrafía sumergiendo los pinceles en agua y pintando sobre viejos periódicos por falta de dinero para comprar papel y tinta. Autoproclamado como un “pésimo estudiante”, el artista de origen chino y nacionalizado estadounidense tocó todas las disciplinas que conoció y en cada una de ellas dejó su impronta. Pintura, animación, caligrafía, ilustración, cerámica, litografía, escenografía, dibujos de guiones gráficos, diseños de felicitaciones de Navidad, de vajillas, murales y, en los últimos 40 años de su vida, también creador de fantásticas cometas con motivos animales que él mismo probaba en el muelle de Santa Mónica (California) el cuarto sábado de cada mes.

Tal fue la pasión por el arte de Tyrus Wong que se la quiso inculcar a sus hijas de la misma manera que él la recibió: sin libros para colorear “para que no se sintieran encorsetadas por líneas dibujadas por otras personas”, según él mismo reconoció. Diseñó la casa familiar, el jardín y siempre era el creador de originales regalos de Navidad a partir de los artículos más inverosímiles como botellas y cajas de galletas.

Hasta los últimos años de su vida no fueron reconocidos su valor artístico y su contribución a las películas de animación, pero con una vida tan longeva como los 106 años que lo contemplaron, Tyrus Wong es considerado en la actualidad como el artista responsable de algunas de las imágenes más conocidas de la cultura popular norteamericana. Reconocido por la factoría de ficción Disney como ‘Leyenda’ en 2001 por su contribución a la creación del personaje de Bambi gracias a sus bocetos -que marcaron un antes y un después en la animación-, doce años más tarde, en 2012, el Museo de la Familia Disney también presentó una muestra retrospectiva de su obra, titulada ‘Agua al papel. Pintura al cielo’, en homenaje a sus primeros bocetos de niño sobre periódicos.

Wong Gen Yeo, su verdadero nombre, nació el 25 de octubre de 1910 en una aldea agrícola en la provincia de Guangdong, justo antes de la caída del Imperio Chino. En 1920, con solo 10 años y como tantos otros compatriotas buscando mejores perspectivas de futuro, él y su padre se embarcaron para viajar a Estados Unidos dejando atrás a su madre y a su hermana, a las que nunca volvieron a ver. Viajaron con identidades falsas con la esperanza de eludir la Ley de Exclusión que restringía la llegada de migrantes asiáticos a América.

Pero unos años antes, en 1906, el terremoto de San Francisco había abierto una brecha legal debido a que una gran cantidad de documentos municipales, incluidos los registros de nacimiento e inmigración, fueron destruidos, así que muchos chinos recién llegados sostenían que habían nacido en San Francisco antes del incendio y tenían derecho a traer a sus familiares, algo conocido como los ‘hijos de papel’ al hacerse pasar ellos.

Un pequeño, pero a la vez difícil trámite, marcaba entonces el destino del sueño americano: los funcionarios de inmigración de Estados Unidos sometían a los chinos a una especie de inquisición por separado a su llegada para asegurarse de que eran quienes decían ser. El 30 de diciembre de 1920, después de un mes en el mar, los Wong llegaron a la Estación de Inmigración de Angel Island. El padre viajaba como un comerciante llamado Look Get; su hijo como Tai Yow.

Debido a que el señor Wong había vivido anteriormente en Estados Unidos pudo superar el trámite de Inmigración rápidamente. Pero como recién llegado, el pequeño Gen Yeo estuvo detenido durante casi un mes y fue el único niño entre los inmigrantes allí presos.

El 27 de enero de 1921, en presencia de un intérprete y un taquígrafo, Gen Yeo, haciéndose pasar por Tai Yow, fue interrogado por tres inspectores. Estaba bien preparado y respondió sin error y superó la prueba. Se unió a su padre en Sacramento, y allí un maestro de la escuela americanizó el falso nombre Tai Yow por Tyrus, siendo conocido a partir de ese momento y para siempre como Tyrus Wong.

Tyrus Wong

El señor Wong y su hijo aún se tuvieron que separar una vez más, cuando el padre se mudó a Los Ángeles para buscar trabajo sin poder llevarse a Tyrus, que se quedó a vivir solo en una pensión de Sacramento mientras iba a la escuela Primaria. Algunos años después, cuando Tyrus estudiaba Secundaria, un profesor se dio cuenta de su talento para el dibujo. Wong consiguió entonces una beca del Instituto de Arte Otis y aprovechó la cercana Biblioteca Central de Los Ángeles para estudiar el arte de la dinastía Song en su escaso tiempo libre, ya que tuvo que asumir diversos trabajos ocasionales para llegar a fin de mes, desde camarero en el restaurante de Chinatown llamado Dragon’s Den, hasta recoger espárragos en el campo. Su vocación, sin embargo, se había despertado de tal manera que cuando finalizó su beca se negó a regresar a las clases de Secundaria.

Su padre, por su parte, logró reunir la matrícula de 90 dólares, una pequeña fortuna en aquella época, para que pudiese continuar estudiando en el Instituto Otis, donde era el alumno más joven. Allí estudió durante al menos cinco años, trabajando de forma simultánea como conserje de la escuela para acabar graduándose con los máximos honores. Poco después murió su padre dejando al joven Tyrus Wong completamente solo.

Wong experimentó en esos años un ascenso meteórico como joven pintor modernista. Participó en una exposición en el Instituto de Arte de Chicago junto a Pablo Picasso y Henri Matisse en 1932, y más tarde montó espectáculos en Nueva York y París. Él y sus compañeros artistas Hideo Date y Benji Okubo atrajeron el interés y la atención de los críticos cuando comenzaron a dar forma a la vida cultural y artística de Los Ángeles.

Sin saberlo, Wong se convirtió en uno de los primeros artistas en infundir la estética china en el arte moderno estadounidense. Sus paisajes inspirados en la dinastía Song fueron a partir de ese momento su sello personal, hasta el punto que esa belleza de las pinturas de influencia oriental de Wong llamó la atención de Walt Disney y se convirtió en la inspiración para la clásica película animada Bambi.

Esta parte de su historia comienza porque Tyrus Wong, recién casado, necesitaba un trabajo estable, así que se unió a Disney en 1938 como una especie de intermediario que creaba miles de dibujos que daban vida a las secuencias animadas. Cuando a finales de la década de los 30 Wong hacía bocetos del ratón Mickey y se enteró de que Disney estaba adaptando al cine la novela ‘Bambi, una vida en el bosque’, del escritor austriaco Félix Salten sobre un cervatillo cuya madre es asesinada por un cazador, vio su oportunidad.

El joven pero a la vez cada día mejor artista vio ante sí una posibilidad de todo un escenario al aire libre, y al considerarse pintor de paisajes, no dejó pasar ese tren que a la postre tan poco reconocimiento le reportaría. Apoyándose en las pinturas de paisajes de la dinastía Song, representó en acuarelas y pasteles una serie de escenas de la naturaleza que eran cambiantes, con fondos sugeridos sutilmente por un golpe o dos del pincel.

“Walt Disney se volvió loco por ellas”, se aseguraría después en el libro ‘Antes de que comience la animación: el arte y la vida de los artistas de bocetos inspirados en Disney’ (1996). Gracias a esos dibujos Tyrus Wong fue ascendido de manera extraoficial al rango de dibujante inspirador.

Pero en realidad él era el diseñador, la persona a la que acudían cuando había dudas sobre el color, sobre cómo colocar algo, o incluso sobre la música y los efectos especiales. Wong estuvo dos años pintando las ilustraciones que darían forma a todos los aspectos del personaje de Bambi, en el que su influencia es inconfundible, pero la decepción llegó cuando en los créditos de la película su nombre aparece, bastante al final, como un mero artista de fondo.

En 1941, tras una huelga de animadores en Disney, es despedido, aunque por su carácter, pensaba que había sido una experiencia tan enriquecedora para él que se fue sin hacer ruido. Empezó a trabajar en Warner Bros en 1942 y también lo hizo en otros estudios de Hollywood durante más de un cuarto de siglo y participando en más de cien películas de acción.

Wong se hizo ciudadano de Estados Unidos en 1946 y tuvo tiempo para compaginar su trabajo cinematográfico con el diseño tarjetas de Navidad para Hallmark y pintar elegantes diseños con aires asiáticos en vajillas, en la actualidad muy cotizadas por los coleccionistas.

En lo personal, Tyrus Wong disfrutó de medio siglo de matrimonio con Ruth Kim, con quien tuvo tres hijas: Kay, Tai-ling y Kim. Se jubiló en 1968 y desde ese momento se especializó en diseñar cometas. Pasó los siguientes 40 años dibujándolas, construyéndolas, pintándolas a mano y volándolas, con diseños que tenían claramente la influencia de su infancia en China. El cuarto sábado de cada mes, Wong iba a las playas de Santa Mónica para volarlas acompañado por su familia y cada vez más amigos: mariposas, osos panda y bandadas de grullas y golondrinas hacia el cielo, por encima del océano Pacífico que él mismo cruzó desde China cuando era niño.

Durante los últimos 15 años de la vida de su esposa Ruth, enferma de demencia, Wong abandonó su trabajo para cuidarla. Después de su muerte en 1995, a los 85 años, lentamente Tyrus recuperó su creatividad artística y se mantuvo muy activo hasta pasados los 90 años pintando, dibujando y diseñando cerámicas a diario.

En 2015, la cineasta Pamela Tom escribió y dirigió una película sobre la vida de Tyrus Wong, titulada Tyrus. La película ganó los premios del público en el Festival de Cine Asiático-Americano de Boston 2016, en el Festival Internacional de Cine de Hawái 2015 y en el Festival de Cine Asiático de San Diego 2015.

Tyrus Wong falleció el 30 de diciembre de 2016 a los 106 años. A pesar de la marginación a la que fueron sometidos durante mucho tiempo los migrantes chinos en Estados Unidos y de pasar gran parte de su carrera siendo un desconocido para el público, el reconocimiento unánime a su obra lo ha situado como uno de los artistas chino-estadounidenses más famosos del siglo XX.

Fuente: TYRUS WONG, EL VERDADERO PADRE DE BAMB – El País

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